Acto 29

– Yo no lo he cogido…

– ¿Entonces quién ha sido? ¿Acaso no estamos solos en el piso?

– Sí…

– Pues si no has sido tú, ya me dirás qué ha pasado…

Un golpe nos llama la atención. Parece que ha sonado en la entrada.

Reaccionamos al momento y salimos corriendo hacia el pasillo.

La puerta de la entrada está cerrada. Aparentemente no parece que haya nada fuera de lugar. Pero a ella algo le llama la atención… una figura extraña sobre el pequeño mueble del recibidor está caida.

– Ha debido de ser él – dice mientras la vuelve a colocar en su sitio.

– ¿Quién?

– Michael. Ha tenido que ser él…

– ¿Estás diciendo que tu ex marido ha entrado al piso, ha abierto la caja fuerte y se ha llevado el libro sin que nos demos cuenta?

– No lo se. Eso creo…

– Pues ya me dirás cómo lo ha hecho. Tú estabas en la cocina, ¿no?

– Sí. Desde que te he dejado en el baño no me he movido de allí.

– Y para salir por la puerta hay que pasar por delante de la cocina. No hay otra salida… A no ser que siga dentro.

– …

Se hace el silencio.

No se oye nada.

Por unos segundos el silencio gobierna el apartamento.

Pero otra vez vuelve a o irse el mismo ruido seco de antes. Esta vez más fuerte.

Parece que viene del otro lado de la pared.

Ella avanza por el pasillo y pasada la cocina se dirige a la puerta más a la derecha.

Me pongo a su lado y nos miramos.

La tensión del momento nos hace dudar, pero no tenemos que estar asustados. ¿Porqué íbamos a tener miedo?

Alargo el brazo hacia la manilla de la puerta y lentamente la hago girar.

De un impulso abro la puerta y el hedor es aplastante. En la habitación hay algo que apesta.

Ella enciende la luz y de repente aparece frente a nuestros ojos.

El cuerpo de un hombre colgado del techo.

Está totalmente desnudo y cubierto de hematomas y sangre reseca. La peste es nauseabunda…

Nos miramos aterrados.

Anuncios

Acto 28

Al salir de la habitación le doy la llave, acto que ella rechaza.

– No, mejor quédatela tú; es tu libro y además no tengo dentro nada mío, ¡así que la caja fuerte es toda tuya!

Antes de llegar al salón abre una puerta…

– Te recomiendo que te des un baño – dice encendiendo la luz – y que te relajes, mientras yo meto una pizza en el horno. En ese armario tienes toallas y ahí los jabones.

Me empuja hacia dentro y cierra la puerta. Una gran bañera modelo victoriana con antigua grifería dorada llama mi atención. La lleno de inmediato y rebusco en el mueble… perfumes, espuma del pelo, mascarillas, lacas, maquillaje, pintauñas, cremas carísimas, hidratantes, de manos, corporal, facial, contorno de ojos…. dios mío, qué de cosas…. sales de baño… Le echo un poco y la espuma hace su efecto; me sumerjo y…..
…Por fin, un momento relajante tras tanto desasosiego…. Por un momento me siento capaz de desconectar de todo y tal es la flojedad de mi cuerpo que no sé el tiempo que paso en ese estado, hasta que pica a la puerta….
– Oye, ¿estás bien?
– ¿Eh?….sí, sí, ya salgo, no tardo nada….
– No, no hay prisa, pero es que como hacía rato que no oía nada creí que te habías ahogado o algo por el estilo -dice tras la puerta.
Paso otros cinco minutos dentro del agua perezoso sin querer salir, hasta que un ruido seco me pone alerta….
Salgo rapidamente del cuarto de baño chorreando con una toalla enrollada en la cintura…
– ¿Qué ha sido ese ruido?
Ella asoma su cabeza tras la puerta de la cocina con cara de sorpresa….
– ¿Qué ruido? Yo no he oído nada… – dice saliendo con dos copas de vino tinto en las manos – Si quieres cenar así por mí vale pero por si acaso tienes ropa limpia en el cuarto de invitados.

Cenamos en el sofá del salón casi sin hablar, escuchando jazz de fondo, pero en el café…
– ¿Te parece que le echemos una ojeada al libro?
– Creía que nunca lo ibas a decir; estoy ansiosa por ver lo que hay escrito en él… Tal vez encontremos alguna nota añadida en los márgenes, palabras subrayadas o alguna pista que nos ayude a entender.

Dejamos las copas de vino encima del escritorio. Ella abre el armario. Saco la llave y….. la caja fuerte está vacía.
El impacto de un puñetazo mudo e invisible ataca retorcidamente mi estómago.

– ¿¿¿¿A qué juegas???? Devuélveme el libro……………

Acto 27

Llegamos a su casa.

– No se que hacer, tengo que ir a la policía…
– No te van a creer. No nos van a ayudar.
– ¿entonces qué hacemos? Ese tipo ha matado a más personas… Seguro que ha pasado algo grave. Mi hermano puede ser uno de ellos. ¡Puede estar muerto!
– No lo podemos saber. Solo podemos escondernos. Aquí estarás seguro.
– Pero mi hermano, no… Él no…

Saca un pañuelo y me seca las lágrimas de la cara. Estoy llorando como un niño pequeño.

Me dejo caer en una silla y ella me sujeta la cabeza. Dejo el libro encima de la mesa.
Me levanta la cara con las dos manos y me habla:

– Tranquilo. Tranquilo… No sabemos nada, pero no hay que ser negativo. Puede que tu hermano esté bien y no le haya pasado nada…
– Pero en la nota que encontré en su piso lo decía bien claro, ¡que lo iban a descuartizar!
– Eso no lo sabes. Cálmate. Metete en la ducha mientras yo te busco ropa para que puedas dormir un poco y mañana con más tranquilidad pensamos en qué podemos hacer.
– Sólo puedo pedirle ayuda a Michael…
– Mejor que no. No creo que nos ayude. Al menos no a cambio de nada. Por cierto, hay que guardar ese libro en un lugar seguro. No podemos tenerlo aquí de cualquier manera. Si es un ejemplar auténtico puede tener un valor incalculable… Cualquier persona con poder mataría por poseerlo…
– Es lo único que me une con mi hermano. No me voy a deshacer de él.
– No te estoy diciendo eso. Te digo que hay que esconderlo. Ven conmigo.

Me agarra del brazo. Cojo el libro y me levanto de la silla. La sigo por el pasillo. Abre la segunda puerta de la derecha y entramos en la habitación. Parece un pequeño despacho con un escritorio pegado a una ventana y con estanterías llenas de libros.
En una de las paredes hay dos cuadros y un pequeño armario.
Me señala el armario. Me acerco y lo abro. Dentro hay una caja fuerte.
Se acerca al escritorio y abre uno de los cajones. Saca una pequeña llave y me la acerca.
Abro la caja y guardo el libro dentro. Un escalofrío recorre mi cuerpo al cerrar la puerta de seguridad con la llave.

Acto 26

Nada más poner el pie en la cafetería me ve sentado de espaldas a la puerta con la mirada perdida a través de la ventana.
Pone su mano en mi hombro pero víctima del shock ni reacciono.
Se agacha y me susurra en el oído…
-Puedo sentarme?
Más que oírla, es su perfume lo que me despierta del letargo….
Me levanto de golpe tirando la silla y la abrazo.
-Gracias por venir; de verdad, muchas gracias, no sabía a quién llamar.
-No pasa nada, has hecho bien -dice recogiendo la silla -Por lo de la casa no sufras, te quedas en la mía hasta que encuentres otra cosa. A partir de ahora no te preocupes por nada, te voy a ayudar en todo lo que pueda…si me cuentas lo que pasa realmente…
-Desea tomar algo la señorita? -pregunta el inoportuno camarero.
-Eh…. sí, un té con limón -contesta mientras toca con la punta de sus dedos mis tazas heladas -Mejor dos tés con limón, y puede llevarse las tazas.
Le cuento todo lo que me ha sucedido desde el metro hasta el incendio, todo, tras cuatro “rondas” de té.
-Y quieres que me crea todo eso??
-Sí, ya lo sé, parece que te esté tomando el pelo, pero no. Para mé también es surrealista pero créeme si te digo que es la verdad.
Le suena el móvil….
” Sí? Ah, eres tú, dime…. Qué? No, no puedo…. Me da lo mismo que tengas una cita mañana con un cliente muy importante. Que no, no insistas… Esta semana es tuya, tienes que disfrutarlo y Lucas tiene muchas ganas de estar contigo…. Que no, no me vengas con tus triquiñuelas, no me vas a convencer… Que no. Voy a colgar…. que no, Adiós!!”
-Lo siento, era mi ex…
-No hay porqué sentirlo, todos tenemos ex… Cómo se llama?
-Michael, tenemos un niño, Lucas, de seis años…. Y cada vez que lo tiene que ver se inventa cualquier excusa para deshacerse de él. Es detective privado y gana mucho dinero, en eso no me puedo quejar, pero en lo que se refiere al afecto, deja mucho que desear.
-Michael?
-Sí…..
-Es el detective de la cita de mañana con mi hermano…
-Cómo? Anda, no seas paranoico, no puede ser….
-Mira la nota…. es él….
-Paga la cuenta, nos vamos para casa!!

Nos montamos en un taxi. Lleva la radio puesta. Las noticias…..
” ………Aseguran los testigos haber visto al mismo hombre con capa negra, al lado de la víctimas y salir huyendo. Tres crímenes, efectuados de la misma manera en tres barrios diferentes de la ciudad y en el mismo día. La policía no da crédito…. Ningún golpe, ninguna contusión, ninguna herida… Las víctimas han sido ahogadas, les han succionado todo el oxígeno de su cuerpo. ”
-Vaya, lo que nos faltaba, un asesino en serie -dice el taxista.
En el asiento de atrás los dos nos miramos de soslayo…

Acto 25

Una gota me cae en la cabeza.
Miro hacia arriba y un par de gotas más me mojan la cara.
Vuelve a llover…

Decido ir para casa y dedicar el tiempo a estudiar el libro para ver si puedo sacar información que me ayude a poder encontrar a mi hermano.

Al girar la esquina de mi calle, un camión de bomberos casi me lleva por delante. Con la lluvia iba mirando al suelo y no al frente y casi me atropellan.

Al alzar la mirada, me quedo totalmente petrificado.
Los bomberos se detienen a unos pocos metros. Un tumulto de personas en la acera de enfrente alborotados y señalando hacia arriba me indican hacia donde debo mirar.
Sigo la dirección donde señala la gente y me doy cuenta de que es mi piso.
¡Está ardiendo!
No se qué hacer. Si acercarme e identificarme o salir corriendo.
Me doy media vuelta y echo a correr.
Con las gotas de lluvia mojando mi cara no se distinguen las lágrimas que brotan de mis ojos.
No tengo casa, pronto no tendré trabajo y, lo peor de todo, mi hermano no aparece y no se si estará vivo o no…

Noto como mi teléfono comienza a vibrar.
Lo saco del bolsillo y lo miro.
Es la periodista.
Descuelgo.

– Hola, he visto que me has llamado…
– Sí…
– Necesitas más información sobre el libro. ¿Me equivoco?
– …
– ¿Te pasa algo?
– Sí…
– ¿Qué te pasa?
– Alguien ha incendiado mi piso… Mi hermano no da señales de vida… Voy a…
– Tranquilo, tranquilo…
– Voy a… voy…
– Tranquilo… ¿Quieres que te pase a buscar y te traigo a casa?
– Sí…
– ¿Donde estás?
– Enfrente hay una cafetería…
– ¿Cómo se llama?
– Café Irlandés…
– Vale, creo que ya se donde estás. Entra en el café y pídete una tila. Estaré allí en diez minutos. ¿Ok?
– Gracias, no tengo a nadie más quien me ayude… Gracias…

Entro en el establecimiento y me siento en la silla que está pegada a la cristalera para que cuando ella venga me vea.

Pido una tila y una manzanilla. Estoy en estado crítico. En shock. No puedo creer lo que me está pasando…

Al poco rato ella aparece por la puerta…

 

Acto 24

-…
– ¿Donde está?
-… ¿Donde está quién?
– Pues tu hermano, ¡¿Quién coño va a ser?!
– No lo se…
– Claro, ¡ahora encúbrelo!
– No le estoy defendiendo…
– Pues entonces, ¿Qué estás haciendo?
– Nada, solo digo que ellos no te engañaban.
– Y tú que sabes, si no sabías nada hasta que te lo he dicho yo… ¿Y sino para que iban a quedar a mis espaldas? ¿Para jugar a los bolos?
– No te engañaban, porque él… Porque mi hermano es gay.

– …

Mi jefe no se lo ha creido. No le conoce lo suficiente.

– Mira, estoy desesperado y con las fotos que me ha pasado Michael me he montado una película…

– Espera un segundo… ¿Michael? ¿Has dicho Michael?
– Sí. Es el detective que contraté… ¿Porqué me preguntas?
– No, por nada… Bueno, te tengo que dejar, voy a entrar al metro y se pierde la cobertura…
– Gracias por hablar conmigo, necesitaba una voz amiga y me has tranquilizado…

Le he colgado.
No le he dejado ni acabar de despedirse…

Mañana voy a ir a la Plaça Universitat para hablar con ese detective a ver si puedo conseguir información acerca de mi hermano. Se supone que ha estado siguiéndole y puede saber dónde ha estado durante los últimos días.

Me viene a la cabeza la imagen del trozo de carne del paquete… Si es de mi hermano, tal y como me escribió en la nota que me dejó en su piso puede que mañana ya sea demasiado tarde para encontrarlo con vida…

Acto 23

Respiro aliviado.

No puedo evitar estar desconcertado, ya que no entiendo qué ha pasado…

Decido desenvolver el libro e inspeccionarlo más detenidamente.

Al abrirlo, una nota cae al suelo.

La cojo y leo:

“Michael

Martes 18 – 16:00

Plaça Universitat”

No sé qué pensar. Quizá esta persona conoce a mi hermano y puede ayudarme…

Pero no puedo fiarme de nadie ahora mismo. No tengo a nadie en quien confiar…

Por un momento me acuerdo de la periodista. Pienso en si sería una buena idea llamarla y pedirle ayuda…

Mañana es martes 18. Puedo quedar esta tarde con ella y mañana ir al lugar que indica la nota a ver si puedo averiguar algo…

Al salir del cobertizo ya no hay tanto sol. Las nuves en el cielo abundan y a lo lejos parece que se avecina más lluvia al igual que en anteriores días.

Llamo a la periodista pero salta el buzón de voz. Me toca esperar a que me devuelva la llamada.

Al momento suena mi teléfono. Miro y veo que es mi jefe. Mal rollo. No tengo ganas de hablar con él y pulso la tecla de rechazar la llamada.

Vuelve a sonar. Vuelve a ser él.

Con desgana apreto la tecla de recibirllamada:

– Hola, ¿cómo estás?

– como voy a estar. Jodido. Estoy jodido… Jodido es poco…

– Te acompaño en el sentimiento. Nadie se esperaba algo así…

– Gracias… Las cosas no iban bien entre nosotros. Nuestro matrimonio iba mal. Muy mal…

– ¿No os iba bien?

– Estoy bastante jodido. El seguro no quiere hacerse cargo. No tengo ganas de entrar en pleitos y gaitas. Solo quiero que todo esto acabe. Pero la cosa cada vez se complica más…

– No se que decir…

– No sabes nada. Qué vas a decir tú…

– Nada ¿de qué?

– Contraté a un detective y me mandó unas fotos…
Mi mujer me engañaba. Me ha estado mintiendo…

– …

– Lo más fuerte es que conozco a la otra persona. Es increible… No sabes por lo que estoy pasando…

– Lo siento mucho…

– ¡Tú que sabrás! No sabes nada… ¡Nada!

– …

– Tu hermano…

– ¿Mi hermano…?

– Sí. Tu hermano Pablo.

– ¿Mi hermano qué?

– ¡¡La zorra de mi mujer me engañaba con el hijo de puta de tu hermano!!

Acto 22

Silencio absoluto.

Voy andando muy despacio para hacer el mínimo ruido posible.

Cuando giro el pasillo dirección a las escaleras oigo un perro ladrando. Me asomo por la baranda y miro escaleras abajo. Me parece ver a la vecina de mi hermano con su perro y me quedo parado. Si me ve seguro que empieza a preguntarme y me entretiene. No puedo bajar ahora…

Decido dar media vuelta y subir más arriba.

Llego a la puerta de la azotea y deseo que esté abierta.

Tiro de la maneta y un chasquido me indica que la puerta se abre. Cierro a mis espaldas y el sol me ciega por unos instantes…

Hecho el pestillo y miro a mi alrededor.

Hay un pequeño cobertizo de madera a un lado y cuerdas de tender al otro. Más al fondo veo antenas de televisión y motores de los aparatos del aire acondicionado…

Me acerco al cobertizo y me resguardo dentro.

Al cabo de un rato oigo un golpe fuerte.

Me giro y observo por la pequeña ventana del cobertizo. La puerta que lleva a la azotea está siendo golpeada. Otro golpe seco y fuerte hace que se abra de golpe haciendo que el pequeño pestillo ya oxidado caiga al suelo.

Es él.

Parece cabreado.

Me agacho e intento esconderme.

Noto como un sudor frío cae por mi frente y al intentar asomarme otra vez toco sin querer una escoba que estaba apoyada en la pared. La cojo justo antes de que caiga al suelo y la vuelvo a colocar en su sitio…

Al mirar por la pequeña ventana veo que se está acercando. ¿Me ha oído?
¡Mierda!

Se acerca. Oigo sus pasos. Suenan cada vez más cerca…

De repente parece haberse detenido.

Silencio. No se mueve. No oigo sus pasos…

Me armo de valor y me asomo con cuidado.

Lo veo. Está mirando hacia un lado. Algo le ha llamado la atención.

De repente veo como se va hacia la izquierda.

Se queda parado mirando a lo lejos.

¿¡Qué cojones está haciendo!?

De repente empieza a correr y de un gran salto cae en el edificio de al lado.

Parece que se va…

Acto 21

De repente suena el teléfono. Corro al comedor y lo busco. Cuando por fin lo encuentro ya ha dejado de sonar…

Al girarme para volver a la habitación, el teléfono vuelve a sonar. Dudo si es buena idea o no descolgarlo, pero trago saliva y lo descuelgo decidido.

Silencio…

Una voz grave me hace reaccionar y dar un respingo:

¿Crees que puedes huir?

Es él.

Cuelgo por un acto reflejo. Sin pensarlo.

Vuelve a sonar. El timbre del teléfono se me mete en los oídos taladrandome el tímpano.

Corro hacia la habitación y cojo el libro.

Me asomo a la terraza y puedo verle justo antes de entrar en el edificio.

Por un instante pensé en saltar…

Sin mucho tiempo para pensar, envuelvo el libro en el trapo en el que estaba guardado y lo dejo caer en la terraza de la vecina, alargando el brazo entre el muro que separa las dos terrazas.

Subo por encima de la baranda y me giro agarrándome con fuerza. Evito mirar hacia abajo para no entrar en pánico. Me voy desplazando como puedo hasta llegar al otro lado y de un impulso me elevo sobre la baranda.
Bajo poco a poco sin hacer mucho ruido y al darme cuenta de que la puerta corredera está cerrada maldigo para mis adentros…

Me acerco a la puerta y agarro con fuerza del tirador.
Está abierta.
Vuelvo a recoger el libro y me meto dentro de la casa.

Me desplazo muy sigilosamente hacia la puerta de entrada.

Espero hasta poder oír algo…

Nada.

Ni una mosca…

El tipo no viene o no emite ni un sólo ruido.

De repente me parece oír pasos. Cada vez más cerca. Más cerca…

Un golpe seco en el lado izquierdo me sorprende.
Un portazo me indica que ya está dentro…

Me quedo inmovilizado, no me atrevo a salir.
Pero no puedo quedarme más tiempo, seguro que acabará averiguando dónde estoy…

Me convenzo a mi mismo y abro la puerta haciendo el mínimo ruido posible.

Me asomo a la izquierda y no veo a nadie. A la derecha tampoco.

Cierro con cuidado y salgo por el pasillo.

Acto 20

– Y no te molesto más; si otro día tienes ganas de seguir emborrachándote, ya sabes, ¡¡llámame!!
– ¿Eh?… Llamarte, ¿a dónde?
Cierra la puerta sin que me tiempo a decirle nada más y corro hacia el recibidor. Lanzo una mirada rápida y compruebo que al lado de las infinitas facturas está la vieja nota de mi hermano (con el nombre y el teléfono de la periodista, escrito a lápiz en una esquina).

Cojo el portátil y con la nota en la mano me siento en el sofá para intentar indagar algo sobre los cuatro datos que tengo sobre la frase… pero para variar, como en las últimas semanas, la conexión a internet es errónea y cierro con hastío el inútil ordenador dejándolo en la mesa y cogiendo a su vez el último paquete recibido.

Lo vuelvo a abrir….

Carrer Balmes, 362

y una llave con un 738 grabado.
No me lo pienso dos veces y salgo a la calle en esa dirección…. Nada me distrae en mi caminar y llego al destino, que no es otro que un portal señorial estilo modernista.

La puerta principal está abierta y entro al inmenso hall; no tengo ni idea cuál es el piso y echo un vistazo a los buzones a ver si el azar me diera alguna pista y…. dicho y hecho, el nombre y apellido en el 5º 2ª de mi hermano me deja helado…
Pero… ¿qué? ¿cómo? no entiendo nada…

Introduzco la llave en el bombín del buzón y ¡bingo! se abre la puertecita. Dentro hay un llavero con varias llaves.
Subo en un chirriante ascensor y a ratos temblando, a ratos muerto de miedo voy hacia la puerta.
Una voz de mujer rompe el silencio….
– ¿Pablo?
Ese nombre para mis pasos.
– Pablo, ¿eres tú?
Una señora bien de unos 75 años, rubia con perlas y caniche sale del 5º 1ª cerrando con llave.
– No, no soy Pablo, señora, se confunde….
– ¡Ay, qué gamberro, no le tomes el pelo a tu anciana vecina!
– No, señora, no soy Pablo, soy su hermano.
– ¿Qué?…. Eh… ¿Lo ves? ¡¡Sois iguales!! ¿Y está Pablo en casa? Hace tiempo que no le veo…
– No lo sé, iba a entrar ahora.
– Bueno, le das un beso de mi parte y me voy corriendo que éste está ya muy viejo y se me mea en todas partes… – dice refiriéndose al perro.
Entro en el piso más tranquilo y enciendo todas las luces. Tras darme una vuelta por toda la casa me lleno un vaso de agua y me siento, muy frecuente en mí, en la mesa de la cocina… y allí, un sobre de color verde llama mi atención…. a mi nombre…
Lo abro sin pensar…. Una carta de mi hermano…..

“Si estás leyendo esto es que he fallado y todo se volverá a repetir. Eres el único que queda…
No debes entender nada, y no me extraña, nos encargamos de que vivieras libre de todo esto pero hasta hoy….
Lo que encontrarás en el tercer cajón de la cómoda de la habitación roja lo deberás proteger con tu vida. 
A estas alturas supongo que ya habrán empezado a descuartizarme pero ni aún con sangre cedas a sus chantajes. 
Confío en ti, eres el único que puede ver la luz, encuéntrala.”

Salgo corriendo hacia la roja habitación y busco como un Indiana Jones lo que no tengo ni idea qué es…. tercer cajón… sábanas blancas. No puede ser… las palpo y noto algo duro y lo saco con cuidado. Envuelto con paños de hilo egipcio viejo un libro antiquísimo de tapas de piel negro con relieves y un cierre dorado…
Atónito busco los alcoholes que guarda mi hermano por casa, me sirvo un on the rocks y abro el libro por la primera página…